La fistula arteriovenosa es una alteración que puede tener diversas causas. Por ello, vamos a intentar ahondar en sus causas y sintomatolgías hasta llegar a las posibilidades de tratamientos para combatirla.
¿En qué consiste la fístula arteriovenosa?
Las fístulas arteriovenosas son conexiones anormales entre las venas y las arterias. Lo habitual es que la sangre fluya de la arteria a los capilares. Posteriormente, pasa a las venas. Los capilares se encargan de llevar el oxígeno y los nutrientes a todo el organismo.
La presencia de una fístula provoca que la sangre pase de la arteria a las venas evitando algunos capilares. De esta manera, los tejidos cercanos a los capilares afectados reciben menos sangre. A su vez, lo habitual es que las fístulas se presenten en las extremidades inferiores.
Causas de la aparición de una fístula arteriovenosa
Son diversas y han de valorarse profesionalmente para realizar un diagnóstico más certero. Las más habituales son:
- Sufrir una lesión que afecte a un área en la que una vena y una arteria estén demasiado cerca. Se incluyen en este grupo cualquier agresión que suponga la perforación de la piel.
- El origen congénito. En ocasiones, las venas y las arterias no se forman correctamente durante la gestación.
- Enfermedades genéticas. Por ejemplo, el síndrome de Osler Weber Rendu, o telangiectasia hemorrágica.
- La hipertensión.
- Un índice de masa corporal demasiado alto.
- El consumo de algunos medicamentos.
Sintomatología
Lo habitual es que no presente síntomas severos hasta que aumenta su gravedad. Los síntomas de la fístula arteriovenosa son:
- Venas de color morado y de aspecto varicoso.
- Inflamación en las extremidades.
- Una tensión arterial más baja.
- Cansancio.
- Insuficiencia cardíaca.
- Si la fístula se produce en el pulmón el paciente presentará los siguientes síntomas perceptibles:
- Un tono azulado en su piel.
- Las puntas de los dedos más redondeadas y extendidas.
- Presencia de sangre en la boca tras toser.
¿Qué relación tienen las fístulas con la diálisis?
Fístula arteriovenosa y diálisis forman un binomio casi inseparable. De hecho, este tipo de fístulas se crean en el quirófano para personas con problemas renales de gravedad. El objetivo es crear una zona concreta para facilitar el procedimiento. Es imprescindible que el especialista controle su tamaño. De ser demasiado grande podría provocar daños importantes.
El diagnóstico
Para confirmar la presencia de una fístula intravenosa se llevan a cabo tres tipos de pruebas:
- Una ecografía dúplex: permite ver el estado de las venas y confirmar la presencia de una fístula.
- Un angiograma: se suele usar la técnica de tomografía computarizada. Un contraste permite que los vasos sanguíneos se vean con mayor claridad.
- ARM: la angiografía por resonancia magnética se realiza también con contraste.
El tratamiento
Solo las necesitan las fístulas de mayor tamaño. Los especialistas sanitarios deberán elegir entre una de las siguientes opciones:
- Embolización: comienza con un estudio de rayos X. Por la arteria se introduce un catéter en la fístula arteriovenosa. El objetivo es colocar un stent para recuperar el flujo sanguíneo normal.
- Cirugía: de no ser eficaz la técnica anterior, se procedería al cierre de la fístula arteriovenosa. Dependerá de su ubicación y tamaño.
- Compresión: se usa una sonda de ultrasonido y es un tratamiento exclusivo para las piernas. Su objetivo es reducir el tamaño de la fístula y bloquear el flujo hacia los vasos con el daño. Su eficacia es del 33 %.



